
Bueno, bueno, de nada sirve que a la hora que me he podido poner a escribir, hable sobre el partidazo demoledor, que el mejor equipo del Sur de España, y al paso que va de Europa, realizó ayer en Glasgow, más que nada porque ya se ha hablado hasta la saciedad en todos los frentes (blogs, radio, prensa escrita, tv,…).
Así que con la adrenalina por las nubes y la ilusión que llevo en el alma, empezamos la cuenta atrás para el partido que a priori, corregidme si me equivoco, más gusta a todos los sevillistas desde el principio de los tiempos: El Sevilla F.C. – Real Madrid.
Siempre ha habido encuentros que encandilan a ésta afición y que uno espera con muchoas días, a veces incluso semanas, de anticipación. Ejemplos claros, y para que negarlos, son los Sevilla-Betis, Sevilla-Barça o Sevilla-At. Madrid.
Pero estoy seguro que en ninguno, afloran esos sentimientos de batalla, de acabar con el enemigo con contundencia, de demostrar quien manda y, si me lo permitís, de vacilar de lo lindo, que cuando nos enfrentamos al Real Madrid.
Para muchos, muchísimos, es más que un simple partido de la Liga BBVA, entre ellos me incluyo yo.
Y no lo digo porque represente lo mismo que cuando al Madrid lo reciben en Getafe o en Mallorca, con todos mis respetos a esas entidades, a las cuales no quiero, ni mucho menos insultar. Aquí no se llena el estadio por ver a las figuras del Madrid, ni porque tenga 9 copas de europa. Aquí se llena el estadio para ver al Sevilla contra el supuesto coloso, para ver si sale a flote esa casta de la que nos hablan las lenguas antiguas, ese arte incomparable a la hora de tocar el balón, esa magia….
Aquí las machadas, la épica, la heróica, el espíritu Juanito (D.E.P.), el Marca, el As, don Santiago Bernabeu, La Castellana, Cibeles, Concha Espina, Chamartin, el “como juega el madrí…”, el “así, así, así…” y hasta el “¡Hala Madrid!”, nos dan absolutamente igual. Es más, ni nos imponen ni nos achantan, sino que consiguen todo lo contrario.
Muchas tardes y noches de tristeza se han vivido frente a éste equipo en nuestro estadio, pero también muchas muy buenas, pletóricas, increíbles, diría yo. Aún recuerdo una fría noche de sábado en el invierno de la 90/91 o la 91/92, ya no puedo ponerlo en pie con exactitud, cuando, siendo un niño, me destrocé la escayola que cubría mi mano tras un accidente futbolístico con los chicos de mi barrio, destrocé digo a aplausos . Fue un 1-0 y así murió el partido, recuerdo como llovía, y como paraba los balones Unzué. Dios mío, no me dolía ni ná, pero menos me importó. Imaginaos, un niño de apenas 10 años, ronco, con un chubasquero empapado, calandome hasta los huesos, en una noche de rayos y truenos, una mano rota, que no paraba de gritar afónico y de aplaudir sobre esa mano rota. Podeís imaginar como dormí esa noche.
Así que, cuando alguien me pregunta que si creo que mi equipo ganará al Madrid en el Pizjuan, mi respuesta es una pregunta, ¿Acaso lo dudas?
Nunca nos da por pensar que el que viene a jugar es el equipo más grande (discutible) de la galaxia futbolística, simplemente es el enemigo a batir, con ira, sangre y fuego.
Para mi no hay más equipación blanca que la de mi Sevilla F.C., las otras serán, como dicen los sastres, blanco roto, hueso o merengue.
Y es por eso, Sevilla de mi alma, que hoy vengo a verte…
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