Las personas nacen, crecen, se reproducen y mueren. Los sevillanos, que dicho sea de paso, también son personas, aunque algunos no lo crean, nacemos, crecemos, nos reproducimos, nos jodemos y morimos.
¿Que por qué nos jodemos? Bien, por partes. Seguramente muchas de las personas que estén leyendo ésto diran que tenemos complejo de ombliguitits mundial. No les falta razón en algunos casos. También los habrá solidarios con la causa y dirán que ellos, sin ser sevillanos, también se joden con cierta frecuencia.
Nos jodemos, porque en ésta ciudad, cada gobernante hace desde tiempos inmemoriales lo que le viene en gana. Se quita de aquí y se pone por allí. Se parchea aquí y se agujerea allí. Es sencillo.
Mi abuela me dijo de pequeño un batiburrillo que al parecer, en épocas pretéritas era más común oirlas que hoy, cuando quizás tendrían más razón de ser si cabe: “¿Le gusta a usted Sevilla? Bueno, primero a ver si la terminan”
¿No les suena?

No es sólo el incesante volumen de obras esparcidas por toda la ciudad, también cuenta la reestructuración de la misma sin un consenso previo con el que la paga, la transita y la goza o la sufre, en resumidas cuentas, el ciudadano.
Estoy de acuerdo en que ésta ciudad iba necesitando un metro, y me parece bien siempre y cuando sea funcional, ecológico y económico. El carril bici siempre me pareció una buena prestación a tener en cuenta y me consta que el servicio de bicicletas del ayuntamiento es uno de los mejores de España. Sí, lo es, otra cosa es el uso que unos cuantos majaderos hagan de el. Pero seamos serios, si tenemos un buen servicio de bicicletas, tengamos una buena red de carril bici. El actual está atravesado por arboles y farolas que provocan accidentes a los propios ciclistas y, obligados a salir de su ruta causan otra variedad de accidentes con los transeuntes.
Capítulo aparte es el comportamiento que están teniendo muchos de los ciclistas.
Aún recuerdo cuando tardó en hacerse la obra del carril bici de Eduardo Dato, y cuanto está tardando la de Ramón y Cajal. Estamos hablando de una obra que viene arrastrando desde finales de Julio y estamos ya a finales, mal contado, de Noviembre. Una obra que corta el paso a cientos de transeuntes y mina la paciencia de miles de conductores. Pero esa es otra historia.
Los sevillanos también nos jodemos, más que nadie, me atrevo a decir, con el temido asunto del coche y el aparcamiento. Se están reduciendo las calles, con lo que hay menos espacio para coches. Se quitan aparcamientos en batería en pos de la modalidad acordonada, lo cual estiliza pero reduce en más de la mitad, la cantidad de vehículos aparcables.
Es en éste sentido, cuando uno se plantea el por qué tiene un vehículo. Aparte de todo lo que normalmente supone un coche (seguro, gasolina, mantenimiento…) el “sellito” que abonamos a las arcas municipales es considerable. De hecho éste año ha vuelto a subir, y de que manera. Si a todo ésto le añadimos las palabras que le propio alcalde dejó escapar hace una semanas, aquellas que decían -”El Sevillano tiene que acostumbrarse a pagar por aparcar”- es lógico que el sevillano se “rebote”. El cáncer de la zona azul se está cebando sobre todo, con personas que van día a día a ganarse el pan, no son ricos ni mucho menos, ni tienen chofer, ni coche oficial, ni zona oficial gratuíta donde aparcar ese coche oficial.
Que va.

¿Cómo se le dice a un ciudadano que vive como mileurista, que tiene que abonar diariamente entre 3 y 5 euros por aparcar? De esos 1.000 € vuelan 100 tan sólo en aparcamiento, tan sólo por cometer el error de ir a trabajar. No es ya bastante lo retenido por el irpf sino que un 10% de su ya de por sí mermada nómina, pasa directamente al Excmo. Ayuntamiento de Sevilla.
Lo mejor es cuando uno de estos pobres ciudadanos de poder adquisitivo disminuído, olvida su contribución bi-horaria a esas rayas azules pintadas en el suelo. Es entonces cuando te exigen 50 euros por la multa, cuan navajero de los años 80.
Es entonces cuando con toda su buena fe, se personan en las oficinas habilitadas a tales efectos por el ¿Ayuntamiento? (quizás le vaya más, castillo feudal), a ver como se puede resolver el entramado de la forma más conveniente posible.
Y ocurre lo que ocurre. Pepito Ciudadano-Sevillano López, se ecnuentra cara a cara con la verdad. Funcionarios con la cara hasta el suelo y en tono de absoluta repugna hacia nuestro Pepito, cargan a saco con cinismo sádico , usando el tan poco democrático arte de la amenaza. “Esto puede ir a peor”, “Hay que abonar siempre cuando se aparca”, “No es culpa nuestra que usted no lleve cambio”, “Si le parece mal y caro alquílese una plaza de garaje que le saldrá igual o más cara”, “Es usted un infractor”….
Al final uno sale con la moral minada y pensando seriamente si no será verdad que los verdaderos criminales y terroristas somos los ciudadanos que nos partimos el culo a diario para conseguir mantener una vida de la manera más digna y decente posible. Al menos así es como te hacen sentir.
A todo ésto, hay que sumar las personas que, por ejemplo, pito pito gorgorito, Los Remedios, “ayudan” a que dicha empresa municipal siga viva gracias a los millones de euros anuales que personas como los “remedianos”, les dejan por tener el privilegio de aparcar en su barrio.
El atropello gubernativo, ya alcanza incluso a la Banda Cornetas y Tambores de Las Cigarreras, los que al parecer tendrán que abandonar los bajos del Paseo del Marqués de Contadero, porque el “Master of Puppets”* Torrijo así lo ha querido, siendo acatada la norma por su fiel lacayo, el Alcalde de Sevilla.
Digo yo que algo muy malo harán esos chicos para que los echen de allí, ¿no? ¡Ah, no! pero si precisamente mientras están allí aprendiendo a tocar un instrumento se están quitando de otrras cosas peores, ¿no? Al menos eso a mi me parece, pero por lo visto, un dos tres, Sevilla al revés.
Esto no es nuevo. Esto ocurre todos los días ante la mirada atónita e incrédula de todos los ciudadanos, los cuales, muchas veces somos culpables por nuestra pasividad.
Por tanto y mientras esto siga así, seguiremos naciendo, creciendo, reproduciendonos, jodiendonos, jodiendonos y ¡joder! me llegó la hora.
* Master of Puppets = Maestro/Amo de títeres/marionetas.
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