Vox Populi: ¡Qué barbaridad!
Pero mira que somos mijitas.
No lo podemos evitar.
Nos gusta más un conflicto clasista que una copita de fino en la Feria.
La última: La remodelación del mítico Bar Laredo.
El Bar Laredo antes de la reforma
Para el que no lo conozca, el Bar Laredo, es uno de los referentes gastronómicos, estéticos, arquitectónicos y clásicos, de la Sevilla auténtica.
Fundado en la década de los 30, éste trocito de nuestro ser, lleva contemplando La Giralda desde la perspectiva que le regala ser la esquina con Sierpes y privilegiado espectador de la Plaza de San Francisco y su Ayuntamiento (con lo que eso conlleva).
Majestuoso donde los haya, ha sido adquirido por un nuevo dueño, nada menos que el grupo de Juan Robles.
Considerado patrimonio histórico, es sin duda uno de esos sitios, por los que cuando pasas, se te pone una sonrisa y un orgullo difícilmente explicable con palabras.
Ahora entremos en materia.
De acuerdo que la Junta de Andalucía no dió luz verde al proyecto de remodelación, a pesar de que éste ha sido llevado a cabo finalmente. Pero no se puede echar las culpas al Grupo Robles, sino al Ayuntamiento de Sevilla, ya que ha sido el organismo que decidió ignorar a la Junta y permitir la obra.
Hasta aquí bien. Habrá quien esté de acuerdo y quien no, pero la pelota está en el lado de los gobernantes.
La cuestión “importante” del peliagudo asunto, reside en la polémica que se ha levantado, no entre los gobernantes, sino entre los sevillanos de a pie.
Como es normal, tendemos a “quejarnos por tó”.
¿Para tanto da el asunto?
Juzquen ustedes mismos éste enlace.
Tanto es así, que hoy, 9 de julio de 2008, es portada del diario local. Sin que por ello, otros periódicos de tirada nacional con edición sevillana, le dediquen un par de páginas completas.
Página interior del Diario de Sevilla del 9 de julio de 2008
La remodelación del nuevo Robles-Laredo, no ha supuesto, a mi modo de ver, un cambio tan acentuado (ni en lo estético, ni en lo moderno).
He leido foros donde la gente se pone a parir (literalmente) por la opinión mostrada.
A ésta guerra dialéctico-estética (que no va a ninguna parte) es a la que me refería al principio de éste post, clasificandola de “mijita”.
Porque somos unos mijitas.
Porque da igual quien gobierne la ciudad y lo que haga, seguiremos siendo mijitas.
Cuando la Exposición Universal de 1992, ya hubo cientos que se rasgaban las vestiduras por el “cambio terrible” de muchas estructuras de la ciudad. Llamado, otrora, pro-gre-so.
Como ahora no teníamos bastante con el Metro, el Tranvía, el Prado de San Sebastian, la Avenida de la Constitución, la Alameda, la Encarnación…, a por el Laredo.
De todos modos, pasará lo de siempre.
Dentro de un año, nadie se acuerda.
Arrierito somos…














